HISTORIA DE LA ARTILLERÍA DEL ISLAM

En el año 1964 los trabajadores de la fábrica de chocolate “Hijos de Marcos Tonda” deciden introducirse de lleno en el ambiente festero de Villajoyosa y fundar una nueva compañía. Un amigo les cedió desinteresadamente su antiguo cañón, así que este pasó a ser el principal representarte de la misma, decidiendo ponerle como nombre “Artillería del Islam”. Se bautizó al cañón como “Kha-in”, se pintó y adaptó para su transporte para poder acudir a todos los actos, desde el desfile hasta el desembarco y la reconquista, donde pasa a ser un arma más en la simulación de la batalla. El siguiente paso era decidir la vestimenta de la Artillería, cuáles serían sus colores y cuál sería el traje que sacarían en su primer desfile. Tras mucho pensarlo y debatirlo se decidieron por el siguiente: camisa roja tirando a color granate con pasamanería verde, un chaleco azul marino intenso con pasamanería amarilla con una media luna amarilla en la espalda, un pantalón liso de color amarillo oro intenso, una faja verde césped, bolsillos en verde oliva con dos medias lunas rojas en la parte superior, una capa blanca con el interior próximo a la orilla azul marino y un gorro con un velo corto por la parte posterior de dos tonalidades de azul; como arma una lanza.

Su primer cuartel estuvo situado en la calle Constitución, antes conocida como “General Mola”, enfrente de la parte sud de la calle “Aitana”. Se trataba de una planta baja que durante todo el año era un taller de electricidad. Era más bien pequeño, pero suficiente para los componentes que no eran más de una docena, más sus mujeres, niños, familiares e invitados. Estaba decorado con banderitas de papel y carteles de película de cine colocados por las paredes. A partir de la entrada, donde estaba situado el cañón, había una hilera de mesas a un lado y a otro, dejando al centro un pasillo hasta el fondo del local, donde se situaba la barra. Cada miembro tenía una mesa asignada para él y sus familiares. El primer año tuvieron que asumir muchos gastos, por lo que no había cocineros ni camareros, ellos se encargaban de hacer las tapas, pero se comía y cenaba en casa. Tampoco había presupuesto para banda, así que el ambiente estaba un poco apagado en ocasiones, pero la artillería se sentía a gusto, reinaba el humor y el buen rollo, era un ambiente muy familiar. Sin embargo, para que los más pequeños pudieran practicar el paso moro y hacerlo muy bien en el desfile, ponían por megafonía el único disco de música festera que tenían y que seguramente había en el mercado: Ecos de Levante.

Los siguientes años la compañía aumentó en número de miembros (hombres, ya que las mujeres no podían salir en aquel momento). Esto hizo que tuvieran mayor presupuesto y se permitieran asumir nuevos gastos necesarios, como era la banda de música, que ya nunca faltaría en el cuartel. Se formaron nuevas peñas, y la compañía fue ganando en presencia e intensidad en todos los actos festeros.

En 1971 se ostentó por primera vez el cargo de Rey Moro en la Artillería del Islam. Los siguientes años la compañía siguió evolucionando y aumentando en número y peñas, de las cuales algunas acabarían incorporándose en la compañía años después. En 1977 se incorporan por primera vez las mujeres como individuo festero con pleno derecho e igualdad de condiciones que los hombres. En 1979 la artillería tenía dos peñas: Els Amics i El Bancalet.

En 1980, la artillería vuelve a tener el cargo de Rey Moro y se decide cambiar la vestimenta actual, diseñada por el propio rey: pantalón y camisa blanca, faja blanca y granate, botas y capa con mangas granates y un turbante blanco y granate. Estos serían los nuevos colores de la Artillería del Islam, los mismos que representan actualmente a la compañía. Este año, se escribe el pasodoble “Islam 80” dedicado a la artillería. En la década de los 80 se incorporaron hasta al menos 11 nuevas peñas con local propio: El Plátano, L’Asguit, El Taüt, Els Porcs, El Ventall, La Xerinola, L’Arruixó, L’Angonal de la Gamba, El Tró, El Penjoll, Els Amics, L’Asgarró, El Gemec, La Crisis y Al-Kabul. Perdonarnos si se nos olvida nombrar a alguna, fue una etapa de muchas inclusiones. En 1990 se repite el cargo de Rey Moro y se vuelve a confeccionar un nuevo traje de batalla: pantalón blanco, camisa granate con estrella de ocho puntas bordada delante y una faja blanca. En 1992 se confecciona una nueva bandera con los colores de la compañía, la cual nos encabezará ese mismo año en la Expo de Sevilla, interviniendo en un inédito y espectacular desembarco junto con otras cinco compañías.

En 1993, durante el desembarco, el cañón que todos los años era cedido a la compañía, reventó, pero sin provocar daño a nadie afortunadamente. En ese momento todos los miembros de la Artillería del Islam asumen el gasto de la reparación y se le devuelve a su dueño, decidiendo encomendar la fabricación de un nuevo cañón lo más parecido posible al anterior. El 2001 es el siguiente año que la artillería ostenta el cargo de Rey Moro, siendo la primera vez que la compañía puede elegir a su emisario según la nueva normativa. Es la primera vez que el cuartel consiste en una gran carpa blanca situada en un terreno de tierra, siendo el más grande que hasta entonces se había tenido. Se preparó ese año otra barca para el desembarco y el boato del rey estuvo totalmente diseñado entre todos sus miembros. Pero el 2001 es un año señalado para todos los festeros por la explosión de pólvora ocurrida durante el alijo, lo que dio un giro inesperado a nuestras fiestas.

Los años pasan y las fiestas siguen, hasta el año 2012 con nuevo cargo de Rey Moro y nuevo cambio de vestuario por pantalón blanco, camisa granate y faja a rayas de ambos colores, el mismo que actualmente lleva la compañía, con la opción de poder llevar de manera no oficial un chaleco de la misma tela que la faja para ir más frescos. Y de este mismo modo la Artillería del Islam sigue avanzando, dando cañonazos año tras año, trabajando para ofrecer la mejor versión de la misma en cada acto y disfrutando de las fiestas en todo su esplendor, desde el almuerzo en la compañía, los pasacalles que permiten visitar a otros festeros, hasta los bailes de música festera acompañados por la banda. El futuro de la compañía está asegurado de la mano de los nuevos componentes, y de aquellos que están por venir, que serán bien recibidos en esta gran familia de artilleros y artilleras.

Juan Lloret Marcet – Representante de la Artilleria Islam



¿Qué son para mí las fiestas? Para mí las fiestas son un regalo, la recompensa del trabajo de todo el año. No sabría decir qué es lo que más me gusta de ellas. Es una semana en la que nada importa, la única preocupación es la de levantarse pronto para llegar al almuerzo. Esa semana todos somos amigos: los desconocidos pasan a ser colegas y los que ya lo eran, confirman porque lo son. Somos compañeros de batalla, y no solo en la arena, sino también en el cuartel cuando te acompañan para liar alguna. Puede que no los veas en todo el año, solo de fiestas en fiestas, pero es como si el tiempo no hubiera pasado. Los pasacalles, da igual si son de día o de noche, siempre es un buen momento para visitar a otros festeros con un nardo en la mano. Si tengo que elegir un acto, me quedo con el desembarco. Las vistas desde la barca de nuestra querida Villajoyosa iluminada, Santa Marta alzándose en el aire, la brisa del mar, las risas con los artilleros en la barca, la sensación de saltar para ganar la batalla y el reencuentro en la orilla con el resto. Es justo en ese momento cuando te das cuenta de que cada año las fiestas pueden superarse, todo ha ido mejor de lo esperado y estás seguro de que terminarán aún mejor. No puedo olvidar mencionar el cañón, es indispensable en mis fiestas, no sería un buen artillero si no disparara en él. Solo me queda darle las gracias a Santa Marta y tomarme un “colpet” a su salud. ¡Viva Santa Marta!

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